miércoles, 21 de septiembre de 2011

Babilonia

tres budistas tomando café en un Starbucks, Hong Kong, 2011


El ronquido, ese sonido respiratorio en cadencia continuada, parece ser una herencia genética de nuestros antepasados remotos. Aunque recientemente unos estudios realizados por la universidad de Wichita, en colaboración con el ingeniero del sueño mexicano, Carlos Grandez, han determinado resultados sorprendentes, nos lo explica el mismo Carlos:

Todo apunta al origen del ronquido en la antigua Mesopotomia. Cerca de noventa nuevos papiros, que hemos localizado en el asentamiento de El Obeid, (3000 a.c.) nos describen como los guerreros, cuando partían hacia las frecuentes batallas civiles, se protegían nocturnamente de esta manera. Mientras un puñado de soldados hacía guardia, los demás dormían plácidamente emitiendo estas atroces sonoridades, que mantenían despiertos a los centinelas.

La forma de conseguirlo no fue difícil, continua Grandez, se dieron cuenta de que las personas que dormían cerca de animales autóctonos presentaban unos niveles de ronquidos más elevados, esto se debe a que el pelaje que expulsan se introduce por las vías respiratorias y produce una mayor obstrucción, que genera esa tendencia creciente. Aunque no todos roncaban, sino un pequeño número de ellos, que se colocaban de forma estratégica cerca de los centinelas, y prácticamente no tenían más función en el ejercito. El buen roncador era muy apreciado, y se consideraba una pieza clave para la victoria.

Más adelante, prosigue Galvez, cuando se formó Babilonia, el porcentaje de roncadores fue incrementándose hasta hacerse incontrolable. Ya que todo guerrero quería que esa fuera su función en el ejercito y así salvarse de los enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Esto originó una etapa de cierta endeblez bélica y un gran número de enfrentamientos conyugales.

Esta técnica, finaliza el ingeniero, fue poco a poco sustituida por la toma de sustancias como el café o el té, que ayudaban a los egipcios a mantenerse en pie, y que fue esparcida por todo el oriente medio y los ríos de Babilonia.

2 comentarios:

Josep Fábrega Agea dijo...

Me suena a los constructos argumentales del bueno de Fontcuberta.

el lobohombre dijo...

Es posible, pero nunca he sido muy fan suyo aunque reconozco el talento en sus discursos y desarrollos. A mi me suena más a las ciudades invisibles de Calvino, aunque quizá es sólo un deseo.