domingo, 19 de junio de 2011

Lázarus

Gaviotas cerca del barco y del objetivo.



1

El barco zarpó de noche hacia Terranova, el objetivo era capturar el mayor número de peces espada, esturiones, cangrejos reales, sepias, ostras y atunes.

La tripulación, formada por un puñado de ermitaños, vestidos con harapos y capucha, tienen prohibido hablar entre ellos. Sólo los rezos y las gaviotas envuelven de vez en cuando al barco.

Una vez las cámaras frigoríficas están llenas, venderán en Terranova toda la pesca y volverán a Europa sin salir de sus camarotes, sólo la gravedad impide que sea una aventura espacial.

La ermita flotante se pierde entre la bruma, mientras los ojos de los peces en el mercado guardan el secreto de su historia.


2

La cabaña de Lázarus está a las afueras del pueblo. Cada día sale al porche, se sienta en el balancín con la guitarra, el banjo o el ukelele y canta. Canta sobre un monstruo del pantano que es a la vez poeta, sobre civilizaciones pasadas para quien los dioses eran los colores, o sobre un barco de ermitaños pescadores que no hablan entre ellos.

Cuando Lázarus termina, el silencio es aun más intenso.

La gente del pueblo se queda apoyada en las esquinas, mirando al suelo, escuchando como la voz llega trasportada por la neblina de arena.

A veces canta de noche, acompañado de flautas invisibles, tambores calientes y violines de papel. La música entra en los dormitorios como un tren de vapor en la estación.


3

Un niño en Benarés, uno de los miles de “Untouchables”, perdido en mitad del barrizal que se ha convertido aquella alfombra de pobreza. Cansado de tropezar consigo mismo decide sentarse y que pase lo que tenga pasar.

Los toros de carga, los taxis, las mujeres y algún turista asediado flotan a su alrededor, él se mira la mano y ve a través de ella. La coloca en dirección al mercado de especias y ve unos camellos articulados, como marionetas desproporcionadas, que se alejan masticando. Ahora la dirige hacia el tren, dónde una maravillosa colonia de patos aterrizan en un alegre jolgorio de aleteos y graznidos. La mueve en dirección a unas basuras, dónde encuentra a un ser extraño, una especie de bigfoot cubierto de algas, salido de una charca o de una ría, escribe algo en la pared.

Decide levantarse y ver qué ha escrito. Sabe que aquello no es real, pero sólo eso le anima a ponerse en pie e imaginarse el escrito.


Dónde estaba el humo del árbol antes del incendio?

Y las cenizas de la rana?

Me giro despacio para no asustar,

Aun sabiendo que no existo.

Me sumerjo en el agua hambriento, apretando los dientes,

y me hago el dormido hasta que me duermo.

2 comentarios:

Josep Fábrega Agea dijo...

"Nada se crea ni se destruye, sólo se transforma" Isaac Newton.

ellobohombre.blogspot.com dijo...

Eso nos lleva un poco a la paradoja del infinito y lo eterno, antes del Big Bang existía otro concepto, y antes y antes..., y los universos paralelos, y la teoría de cuerdas... convirtiendo a los científicos en filósofos (véase Newton) y a los filósofos en materia de examen de selectividad...