
Dada la imparable crisis mundial en la que nos vemos inmersos (goteando en cubos de las señoras de limpieza de las sucursales bancarias) y la pérdida de credibilidad tanto de los dirigentes mundiales como del sistema capitalista, no cabe más que empezar a buscar soluciones drásticas.
Así el gobierno actual ha decidido impulsar nuevas medidas. La más llamativa es la del impuesto gatuno, que consiste en la prohibición absoluta de atropellar a gatos, sea cual sea su raza, edad o tamaño, siendo multado todo aquel que lo haga tanto voluntaria como involuntariamente.
Para controlar dicha norma se implantará un microchip fotográfico a cada minino, actuando de caja negra una vez el accidente haya ocurrido.
No servirá de nada esconder al animal una vez atropellado, ya que los datos del vehículo ya estarán almacenados en los ordenadores de la DGT.
La oposición no se ha hecho esperar y ha presentado un dossier en el que se probaría que el gobierno ha negociado con China una inmensa partida de felinos, que poblarán nuestras carreteras próximamente, y que arruinarán un poco más al ciudadano medio.